Mi año de descanso y relajación

Hoy inicio este nuevo proyecto, Días de Asfalto, donde hablaré de libros que me he leído y con ellos las referencias o reflexiones que me hayan ido naciendo a partir de la lectura. He elegido este título para el proyecto porque acostumbro a reflexionar andando por la calle, sentada en un banco, en los bares… como ahora, que me estoy tomando un café mientras escribo en el ordenador, colocado sobre una mesa de plástico patrocinada por Estrella Damm. Así que este proyecto se irá desarrollando en diferentes partes de Barcelona, empezando ahora mismo en el bar Rincón de Amado, C/ Bailèn, 88, Eixample.


Bar Ricón de Amado

Es curioso porque las veces que me han preguntado por el libro Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh me resulta complicado explicar de qué va, ya que a priori parece que tiene una narrativa poco atrayente. “Trata de una chica que vive en Nueva York y decide encerrarse en su casa durante un año para dormir a base de somníferos”. Esa es la trama, pero la novela es impresionante. Cómo relata la hibernación de la protagonista como si fuera un oso o la Bella Durmiente Moderna, siempre bajo un único deseo: alcanzar el estado de inconsciencia, olvidarse de su vida, silencio.

Su intención es dormir hasta que todos sus problemas desaparezcan, aislarse del mundo para, pasado el año, renacer. Esto me recuerda a un documental de una artista llamada Barbara Hammer, que descubrí hace años gracias a una exposición que se hizo en Barcelona. Sus vídeos y fotografías, sumamente intimistas y transgresoras para su época, incluso para la nuestra, me impactaron hasta tal punto que al llegar a casa seguí buscando información sobre aquella mujer. En Filmin encontré un documental experimental que hizo en 1998. Grabó su experiencia de vivir en una casa en el campo, sin electricidad ni agua corriente, durante un mes. Me fascinó. Durante esas cuatro semanas, Barbara Hammer se encontró a solas para crear, desconectar y encontrar su propio oasis. En 2018 la artista, al ver su muerte tan cerca, cedió todos los archivos a Lynne Sachs, quien se ocupó de unirlos y ponerles texto.


Documental

Al leer el libro me vino el nombre de Barbara Hammer porque la protagonista de la novela también se aísla, ella alargando su proyecto a doce meses, persiguiendo esta búsqueda de paz dentro de una ciudad caótica y bulliciosa como es Nueva York. Retrata la ciudad desde dentro de su propia casa: el ruido de los coches, el olor a pis y a basura, el sabor a café, los barrios distribuidos en manzanas, la gente cubriendo las aceras como una gran alfombra. Y de pronto, soledad.

Llega un punto de la novela donde la protagonista decide quitar todos los muebles de su casa. Le molestan los objetos, la materia. Lo único que quiere es tener su colchón, el edredón y la nevera para guardar las sobras de pizza. Esto me condujo directamente al concepto de “no-lugar” acuñado por el antropólogo Marc Augé, haciendo referencia a aquellos sitios impersonales, carentes de identidad, donde el ser humano permanece anónimo. Centros comerciales, aeropuertos, hoteles, gasolineras… y, ahora, también la casa de la protagonista. Me sorprendió porque la casa es un templo, un refugio, un símbolo identitario, una madriguera -siguiendo la metáfora del oso hibernando- pero ella la transforma en un no-lugar. 4 paredes, un colchón en el suelo y su largo letargo.


My Bed, Tracey Emin’s 


Si pudiera ver la habitación de la protagonista, si por un momento pudiera coger las llaves y abrir la puerta de su casa, estoy segura que su cama sería similar a la de la artista Tracey Emin's. Tras una ruptura amorosa tuvo una larga depresión e hizo de su etapa convulsa una obra de arte. Algo similar sucede en el libro ya que avanzada la novela la protagonista pasa a ser un sujeto artístico, la musa de un conocido artista establecido en Nueva York. Su extraña manera de vivir llama la atención del hombre y acuerdan crear una obra juntos. Me atrae la idea de hacer de lo ordinario algo extraordinario. Me fascina y extraña a partes iguales cómo el vídeo de Andy Warhol comiendo una hamburguesa puede ser una obra de arte, cómo el urinario de Duchamp puede ser una obra de arte, cómo un huevo duro con la huella de Manzoni puede ser una obra de arte y, en el libro, aunque sea redundante, cómo una chica que solo duerme puede pasar a ser una obra de arte.


Autodefensa

Toda la novela está envuelta en una atmósfera costumbrista: las películas de Whoopi Goldberg que mira la protagonista cuando se despierta, el ritual de ir a comprar café a los egipcios, su pereza de cocinar y mitigar el hambre pidiendo comida china a domicilio… me recuerda a la serie “Autodefensa”, también en Filmin. Entre las páginas el lector se va encontrando pensamientos íntimos, contradictorios, incluso macabros, que todos hemos tenido en algún momento pero no nos atrevemos a pronunciar en voz alta. En “Mi año de descanso y relajación”, aunque prime la soledad, las relaciones personales adoptan un papel muy importante. La pérdida de los padres de la protagonista; la relación con su supuesta mejor amiga Reva, que odia pero mantiene porque es la única que le hace caso; la tortuosa relación con su exnovio Trevor, que a pesar de que haya pasado tanto tiempo no puede olvidar...

El autoodio, el amor, el desamor, la mochila del pasado, la necesidad de renovarse y renacer, ser una persona nueva… son tan solo algunos de los problemas existenciales de la vida moderna que presenta este libro. Ser alguien distinto a quien eras, mudar de piel como una serpiente. Dormir, dormir, dormir… y resucitar. Desdibujar la línea entre lo vivo y lo muerto.




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